
Este verano recibí una carta de la empresa que gestiona el fichero ASNEF, un listado de morosos e insolventes, en la que me notificaban el dudoso honor de haber ingresado en sus filas, gracias a una deuda contraída con una Caixa de ahorros con la que no trabajo desde que me mudé a vivir a Barcelona hace años, por valor de 35 (treinta y cinco) euros.
Naturalmente, era una cuenta que debí cancelar en su día y que no lo hice, y como te siguen cobrando comisiones y demás naderías, mientras hay dinero y no haces nada, no te avisan: - Ei, que tienes un dinero aquí que no utilizas, y que nos estamos gastando, por si no te acordabas!
En cambio, a la que se acaba, y ya no pueden seguir mamando de la teta, te meten en la ASNEF, o te llevan a los tribunales, o donde haga falta.
La semana pasada, que tenía tiempo, quise solucionar el tema. Fui a la oficina que esta Caixa tiene en mi calle. Después de hacer una cola de media hora (no hay personal disponible al público, sólo máquinas), el empleado me dijo que la deuda ya ascendía a más de 38 euros.
- Bien, no importa, pago la deuda, y quiero cancelar la cuenta.
- No puede cancelar la cuenta, tiene tarjetas vinculadas.
- Y qué? Hace años que no utilizo ni la cuenta ni las tarjetas.
- No puedo hacer nada. Además, tiene otra cuenta, con 200 (doscientos) euros.
- ¡¡¡!!! No me lo puedo creer! Tengo una cuenta en la misma entidad, cosa que no sabía (o no recordaba), con dinero, y me meten en la ASNEF por 35 cochinos euros??? Bien, cancéleme esta cuenta.
- Yo no puedo hacer nada, también tiene tarjetas vinculadas. Tendrá que ir a la oficina donde abrió las cuentas.
Viendo la inutilidad del interfecto, me fui a la oficina de Sant Just Desvern, conté la misma historia, me cancelaron la cuenta donde había dinero (en la que el año pasado había, no doscientos, sino cuatrocientos euros, y probablemente desde que no trabajo con ellos, debía haber por lo menos mil, y ha ido menguando gracias a la succión banqueril).
Pagué la deuda de la otra cuenta, la cual no se puede cancelar hasta pasados unos días, y me comunicaron que todas esas gestiones que había hecho se podían hacer desde cualquier oficina. Sin ningún problema, aunque haya tarjetas vinculadas.
A la empleada de esta oficina, que parecía más lista que el otro, le volví a preguntar cómo me habían metido en una lista de morosos por una mísera deuda en una cuenta, teniendo dinero en otra de la misma entidad y oficina. La explicación fue, que no hay personas que supervisen estas cosas. Todo lo hacen las máquinas.
Acabáramos.
Se supone que las máquinas están para aumentar la eficacia y/o eficiencia, pero para que no se le escape nada a la entidad, naturalmente, no para mejorar la atención al público.
Cómo puedo ser tan ingenua?
No puedo dejar de sentirme indignada. No me vale que me digan que me han enviado una carta al domicilio antiguo, avisando del descubierto. Cuando les interesa encontrarte, te encuentran, aunque te escondas bajo las piedras. Pero siempre, a su favor. Si es porque te interesa a ti que te encuentren, ni te buscan.
No he dicho el nombre de la entidad porque creo que da igual, todos los bancos y cajas se lucran a costa de la gente, nunca pierden.
Por eso me alegro de que una buena amiga mía, directora de una oficina bancaria, haya decidido tirar la toalla, abandonar la banca, desengañada de tanto carroñero, para cumplir su sueño.
Suerte en tu empresa, Montse!