domingo, 21 de febrero de 2010

Chocolate I

La otra tarde me fui a dar una vuelta por el barrio gótico. Me encanta perderme (literalmente) por sus calles, en las que siempre descubro alguna tiendecita que no había visto antes, y me entretengo mirando los escaparates elaborados hasta el mínimo detalle algunos, caóticos otros.

Siempre acabo en la calle Petritxol, mi preferida. En esta calle se encuentra la granja "La Pallaresa", inaugurada en 1947 en lo que había sido una vaquería. Es de visita obligada para cualquiera que viene por primera vez a Barcelona, ya que la granja es famosa por los excelentes chocolates que sirven, solos o en suizo (chocolate con nata que ellos mismos elaboran), acompañados de churros o, mejor aún, deliciosos melindros o ensaimadas. De ahí que siempre haya una cola kilométrica para entrar, sobretodo en fin de semana. Pero este día no sólo no había cola, sino que incluso había alguna mesa libre, y allí que me instalé.

Me di cuenta de que mi corazón está dividido, entre tomarme una buena cerveza o un buen chocolate. Y puesto que hice apología de la primera, no va a ser menos el segundo. Tienen más cosas en común de lo que parece.
Ahí va:

El chocolate, tal como lo entendemos hoy, se obtiene mezclando pasta de cacao y manteca de cacao (productos derivados de las semillas del cacao), con azúcar.

Para encontrar los primeros usos del cacao tenemos que remontarnos a las culturas precolombinas en México.
Se atribuye a los Olmecas su uso en forma de bebida, que más tarde se extendería a los pueblos Mayas y Aztecas. El producto consistía en una especie de cerveza, es decir, una bebida basada en la fermentación de la pulpa del fruto del cacao, que se mezclaba con distintas sustancias como miel, vainilla, guindillas y harina de maíz, y pronto fue muy valorada entre las clases altas y privilegiadas por sus propiedades tonificantes y energizantes.

Cristóbal Colón lo trajo a la Península, obsequiando con él a modo de souvenir a los Reyes Católicos, pero no tuvo éxito, por su sabor amargo y picante y su aspecto sucio. Fue Hernán Cortés quien lo introdujo en la corte española en 1528. En el siglo XVII llega a la corte de Francia, y de ahí se extiende rápidamente su consumo a toda Europa.

La incorporación de azúcar y especias como vainilla y canela (chocolate en el sentido actual) se asocia a miembros de órdenes religiosas. Unos lo atribuyen a unas monjas de un convento en México, y otros a los religiosos de El Monasterio de Piedra, en Zaragoza. Entre las altas esferas eclesiásticas había desacuerdos sobre si prohibirlo o no, por el supuesto poder excitante que generaba en quienes lo tomaban.

En el siglo XVIII los cerveceros británicos solicitaron limitar la producción de chocolate por la elevada competencia que representaba.
Se tomó bebido hasta 1847, cuando, también por británicos, fue creada la primera tableta.
Sin embargo fueron los suizos Peter y Nestle quienes en 1875 (imagino que optimizando los excedentes), le añadieron leche al chocolate, dulcificando más su sabor.
La invención de los bombones se la debemos a los italianos.

Esto me está saliendo más largo de lo que pensaba, así que lo dividiré en dos partes, porque el tema creo que es interesante y lo merece.

4 comentarios:

Víctor González dijo...

Yo no soy muy "dulcero", pero mi ex es una loca del chocolate y bastante experta -creo que te entenderías bien con ella, Maikix-, así que durante años he podido probar todos los chocolates imaginables; incluso bayas crudas por curiosidad y de todo. Sin embargo hay algo que nunca he (hemos) logrado saber, es lo siguiente: ¿por qué en las composiciones de los chocolates que se comercializan aparece siempre la observación de "puede contener trazas de cacahuete, almendra u otros frutos secos", aunque el chocolate en cuestión no los lleve? ¿Alguien lo sabe?

maikix dijo...

A mí tampoco me gustan demasiado los dulces, Víctor, el chocolate me gusta amargo.
Respecto a lo de las trazas de frutos secos, sólo he encontrado un comentario muy breve en este artículo:

http://www.seguretatintegral.cat/noucat/recerca/linies/biorisc/alimentaria/chocolate.pdf

concretamente en la página 14, donde dice que es "contaminación con productos que los contengan". Casi como no decir nada.

Un beso.

JOSÉ ÁNGEL HIDALGO dijo...

Hola, pues lo mismo que te he comentado en la primera entrada. Es muy interesante que hagas reflexiones sobre alimentos que nos son tan cercanos y sobre los que desconocemos casi todo.
Saludos.

maikix dijo...

Y sobre el chocolate existen muchas fantasías y leyendas, mejor saber qué hay de cierto y que no. Y una de las cosas más incuestionables ¡es que está buenísimo!

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