
Todo el mundo tiene intuición, no es algo exclusivo ni prevalente en las mujeres, como a veces se pretende, con más o menos romanticismo e infortunio:
La intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre (Rudyard Kipling).
El intelecto es el modo de funcionar de la cabeza, el instinto es el modo de funcionar del cuerpo y la intuición es el modo de funcionar del corazón. La mujer es el corazón y el hombre es la cabeza (Osho).
Según el Diccionario de la Real Academia, la intuición es la facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento. También la percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad que aparece como evidente a quien la tiene.
Según el Diccionario de la Real Academia, la intuición es la facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento. También la percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad que aparece como evidente a quien la tiene.
Podríamos decir que la intuición es conocer sin saber cómo lo conocemos. Usamos la intuición cuando existen varias soluciones alternativas entre las cuales elegir y todas tienen buenos argumentos. A la hora de tomar una decisión, rara vez tenemos todos los elementos que necesitamos y encima, en muchos casos, la información disponible no es fiable.
La intuición no es un presentimiento ni una visión, no es algo mágico ni esotérico, y hay que diferenciarla de un deseo o un miedo.
La intuición no es un presentimiento ni una visión, no es algo mágico ni esotérico, y hay que diferenciarla de un deseo o un miedo.

Según Burke y Miller, la intuición sería la resolución de problemas realizado de modo inconsciente y basado en el conocimiento acumulado por la experiencia cotidiana, la actividad profesional específica y la formación académica. Es decir, que la intuición no es una facultad distinta de la actividad racional y creativa ordinaria. Su diferencia con el raciocinio habitual radicaría en que el proceso se lleva a cabo mediante una intervención automática del subconsciente, en el que éste selecciona la información relevante guardada en la memoria en cada situación particular.
Para Malcolm Gladwell, quienes son buenos tomando decisiones no son los que procesan mayor cantidad de información o que dedican más tiempo a deliberar, sino aquéllos que son capaces de extraer los factores que realmente importan a partir de una cantidad desmesurada de variables.
En el proceso de la intuición hay tres fases. En primer lugar, el cerebro recopila datos de la experiencia; seguidamente los procesa de forma inconsciente y automática, y en tercer lugar aparece repentinamente el resultado o la conclusión de este procesamiento en nuestra consciencia. Hay que observar mucho y sin prejuicios. Hay que darle tiempo al inconsciente, y luego reconocer las señales.
En el proceso de la intuición hay tres fases. En primer lugar, el cerebro recopila datos de la experiencia; seguidamente los procesa de forma inconsciente y automática, y en tercer lugar aparece repentinamente el resultado o la conclusión de este procesamiento en nuestra consciencia. Hay que observar mucho y sin prejuicios. Hay que darle tiempo al inconsciente, y luego reconocer las señales.
Cuando tenemos una intuición, la sentimos en el corazón, o en el estómago, (en las vísceras, vaya). Algo inexplicable que se manifiesta como un sentimiento a favor o en contra, algo que no podemos definir, nos hace inclinarnos a tomar una decisión determinada.
Dicho todo esto, pienso que la intuición está sobrevalorada. Será porque yo no doy una. Quizá porque mi intuición me habla bajito, o porque estoy sorda, o porque tergiverso las señales, o porque no me las creo, o porque mi software necesita actualización, o porque no me funciona, o qué sé yo, pero me equivoco demasiadas veces.
No es algo que me pase a mí sola, claro. De hecho, creo que es lo más frecuente.
Quien dice ser muy intuitivo es porque sin deliberar demasiado toma decisiones que a posteriori demuestran ser acertadas. O bien porque ha seguido ese instinto aún cuando todos los razonamientos lógicos estaban en contra, y le ha salido bien. Pero en general, ser impulsivo y guiarse sólo por la intuición no suele tener buenas consecuencias. Es frecuente cometer errores imperdonables. Si nuestro cerebro conecta datos que se dan juntos por simple azar, las predicciones basadas en estas conexiones pueden ser nefastas.
Dicho todo esto, pienso que la intuición está sobrevalorada. Será porque yo no doy una. Quizá porque mi intuición me habla bajito, o porque estoy sorda, o porque tergiverso las señales, o porque no me las creo, o porque mi software necesita actualización, o porque no me funciona, o qué sé yo, pero me equivoco demasiadas veces.
No es algo que me pase a mí sola, claro. De hecho, creo que es lo más frecuente.
Quien dice ser muy intuitivo es porque sin deliberar demasiado toma decisiones que a posteriori demuestran ser acertadas. O bien porque ha seguido ese instinto aún cuando todos los razonamientos lógicos estaban en contra, y le ha salido bien. Pero en general, ser impulsivo y guiarse sólo por la intuición no suele tener buenas consecuencias. Es frecuente cometer errores imperdonables. Si nuestro cerebro conecta datos que se dan juntos por simple azar, las predicciones basadas en estas conexiones pueden ser nefastas.
Como consejo final, diría que si tienes mucha experiencia en el campo en el que tienes que tomar una decisión, sigue tu instinto. Si no, dale algunas vueltas antes de precipitarte. En cualquier caso, creo que nunca está de más recopilar información.
(Nota: La viñeta es de Montt, y me parece deliciosa)