sábado, 26 de marzo de 2011

Enemigos públicos

Desde hace unas semanas estoy experimentando con ir a trabajar al hospital en transporte público. No es tarea fácil, pues vivo en Barcelona ciudad y el hospital está en una colina del prelitoral de Badalona mal comunicada, a unos 15 km. En coche tardo entre 30 y 45 minutos (sin contar el aparcamiento allí), según el tráfico.

Hay varias opciones de transporte, ninguna demasiado satisfactoria, pero me he decidido desde que han alargado una línea de metro hasta el centro de Badalona y desde allí han habilitado un autobús-lanzadera que va directo al hospital. En total, tengo 13 paradas de metro con dos transbordos incluídos, y luego el autobús, todo lo cual me lleva 1 hora. Y levantarme media hora antes.

Me han arrastrado a tomar esta decisión varias razones. Una es económica personal: el precio de gasolina y gasóleo me parece desorbitado, y tengo que reducir gastos. Otra la crisis energética y financiera general: el martilleo de la administración para que ahorremos energía y reduzcamos la contaminación a veces causa mella, y de vez en cuando me saltaba a la yugular mi Pepito Grillo proletario. Otro motivo es la dificultad del aparcamiento en el hospital: En las horas punta aquéllo se convierte en una jungla donde prevalece la ley del más fuerte. Colas interminables de coches de empleados, enfermos y acompañantes a la caza de una de las insuficientes plazas habilitadas. Ya no digamos en verano, imposible conseguirla a cubierto para no achicharrarse a la salida. El resto de horas es prácticamente imposible aparcar, y los coches se desparraman por la montaña.

Pero la razón más importante, la que finalmente me ha empujado a desterrar el coche, es la falta de tiempo para leer. Entre semana no dispongo de horas, cuando llego a casa me pongo a hacer la cena, luego a cenar y luego caigo en la cama como las gallinas hipnotizadas con un golpe en la frente. El fin de semana aprovecho para bailar, quedar con amigos y escribir en el blog. La cosa no da para más.
Hace tiempo que no encuentro lecturas que me enganchen, voy acumulando libros empezados que roban horas a mi vida sin aportar nada. Sumado a la falta de tiempo, me daba una cierta sensación de embrutecimiento y desnutrición mental.
Algunos amigos y compañeros me convencieron de que sin el coche ganaría ese tiempo para leer.

Pues bien: NO ES FÁCIL LEER EN EL METRO (ni en ningún transporte público).
En los momentos de mayor afluencia, ni siquiera es posible sacar el libro del bolso. A medida que se vacía, con un poco de suerte hasta puedes sentarte a disfrutar de la lectura. Pero eso no será posible si tienes al lado gente que habla a gritos, con el vecino o por el móvil, llevan la música a toda pastilla en sus auriculares, o te deleitan los conciertos a capella o con acordeón alive, que es lo más frecuente.
Por eso estoy totalmente de acuerdo con mi admirado Quim Monzó en su artículo de hoy en La Vanguardia.

Voy a probar con los tapones en los oídos.

7 comentarios:

pau dijo...

Lo tienes fatal.
Yo cojo el Metro casi al comienzo, en Av. Carrilet, y paro en Marina. Es difícil no sentarme, así puedo leer o escribir la historia que cuento.
Los asientos del Metro son incómodos para eso, pero peor es no poder hacerlo o ir en coche.
La parte económica podrías solucionarla encontrando un compañero de viaje. Compartir con uno es gastar la mitad, y si es con más, imagina...
Yo lo tengo difícil, en mi empresa somos tres,; pero en tu hospital sois cientos y seguro que con alguno coincidirías.

maikix dijo...

Uno de los trayectos que hago (el último) es bastante largo y no hay mucha gente, puedo leer bien. Incluso escribir, si quisiera.
Lo de los compañeros, no te creas que es tan fácil: como no fichamos, coincidimos más o menos a la llegada, pero luego cada cuál sale cuando puede, cuando ha acabado. Yo tengo cierto rigor a la hora de irme, porque voy a trabajar a otro sitio... :((
En cualquier caso, también lo he probado, con una radióloga que vive cerca de mi casa.
Hay quien ha reivindicado autobuses para los trabajadores, pero creo que antiguamente ya los hubo, y no debió funcionar la cosa...

Candela dijo...

Dentro de lo malo no lo tienes mal del todo lo del transporte público. Desde mi casa a mi trabajo en coche tardo 15 minutos en horario bueno y 50 minutos en hora punta. En autobús son dos horas y media.

He leído el artículo de Quim Monzó. Comparto lo que dice, a mí me gusta el silencio, me deja pensar, leer o incluso dormir. No me parece muy acertada la iniciativa de leer para la gente, quiera o no quiera oír.

Un beso

ISA dijo...

Salvo que tenga que hacer cosas por Madrid, que me encanta coger el bus (el metro ni de coña), al curro tengo que ir en coche. Por donde vivo hay muy mala comunicación y de 15 minutos que pueden pasar hasta que llegue a la ofi, si cogiera un bus tardaría no menos de hora y media, así que no hay tu tia.
También es cierto que suelo levantarme muy temprano y que suelo llegar a la ofi entre 7.15/7.30 y a esas horas no hay mucho tráfico, y lo hago exactamente por eso. Además esas horas (porque son horas) hasta que empiezan a llegar el resto de compañeros me cunde el curro lo que no está escrito.
Y leer en un bus o metro (siglos ha), nunca he podido. Si voy en bus me gusta mirar a la calle y a la gente y si en metro, seguro que me salto la parada, así que....
Y si, es cierto que ha subido la gasolina, pero de momento creo que no tanto como para dejar el coche en casa. Y desde luego, que mejoren los transportes públicos que, al menos en Madrid y por lo que oigo, son espantosos.

(Maica ya te contaré por e-mail mi viaje a Málaga, pero te adelanto, que peor imposible)

maikix dijo...

Candela, ahora porque han alargado esa línea de metro hasta Badalona, pero hasta entonces se tardaba cerca de dos horas en transporte público.
Yo soy una maniática del silencio, me molesta hasta el anuncio de las paradas. Tampoco me parece buena idea lo de leer en voz alta en el metro, ni creo que incite a la lectura.
Besos.

Isa, ya me levanto a las 6:15 de la mañana y soy incapaz de madrugar más. Por la noche soy un trapo viejo, teniendo en cuenta que trabajo 10-12 horas diarias.
A mí también me gusta observar a la gente, y la calle si voy en autobús, pero tengo que elegir, repartir mi tiempo, diversificar... ufffff!!!
Ya me contarás lo de Málaga, lo siento mucho.
Besos.

PATSY SCOTT dijo...

¡Ay Maica, no sabes cómo detestaba yo el metro! Pero a todo te acostumbras y hasta acabas cogiéndole gusto.
Ya llevo un par de años trabajando en casa :)) pero cuando daba clase, tenía un trayecto de metro larguísimo durante el cual devoré libro tras libro. Yo no necesito silencio para leer. Si me meto en la historia, no oigo ni veo nada a mi alrededor, ni siquiera a los cantantes tunantes(será la costumbre - con mis 5 hijas y otros animales, mi vida familiar fue durante años todo menos silenciosa) Eso sí, leyendo Ensayo sobre la ceguera me pasé una vez de estación y perdí una hora de clase.
Estoy de acuerdo con Quim Monzó - nunca he soportado que me lean nada.
Besos.

maikix dijo...

Será porque hace tiempo que no consigo que nada me enganche, que me distrae cualquier cosa. Si algo me apasiona, también soy capaz de alienarme, pero no hay caso...
Besos, guapa.

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