El punto de inflexión hacia la vuelta a la normalidad tras las vacaciones, se hayan hecho éstas en junio, en agosto o nunca, lo marca el inicio del curso escolar (vale, sí, también el bombardeo de los coleccionables). Se acabó el trayecto rápido y tranquilo hacia el trabajo, el aparcamiento relativamente fácil, y los saldos de verano. Ya han subido hasta la barra de pan.Este año hay algunas novedades. No sé si es generalizado en toda España, pero en Cataluña se ha cambiado el calendario escolar. Se ha adelantado unos días el inicio de las clases, a cambio de una semana de vacaciones en el segundo trimestre, entre navidad y semana santa. Además se ha suprimido el horario intensivo de los 15 primeros y últimos días del curso. Los maestros están que trinan por ello, y en algunas escuelas han decidido, como protesta, cancelar las salidas extraescolares durante el curso. Se acabaron las convivencias, las visitas al zoo, las excursiones...
Aparte de que el grueso de las vacaciones escolares sea en el periodo estival, por la dificultad de impartir clases con la canícula, parece lógico repartirlas un poco más, teniendo en cuenta que conciliar las vacaciones de los hijos con las de los padres, sean cuando sean, es impensable, puesto que ninguna empresa concede tantos días de vacaciones, ni sumando las de los dos progenitores en el caso que los haya. Está bien, pues, que se espacien, pero las cosas tienen que hacerse con previsión. En la actualidad, sólo hay montadas actividades para los niños en las vacaciones ya establecidas.
Y sin embargo, algo que no es novedad: aquí las cosas se hacen a la brava, por decretazo, se impone, y listos. Sin consensuar con profesorado, sin dotar con personal ni económicamente. Y de golpe. Nada de hacer las cosas paulatinamente, incorporando ayudas, y permitiendo que las familias se organicen. Así que hay que echar mano de abuelos quienes tienen la suerte de contar con ellos, o bien pagar canguros o centros privados, es decir, en la mayoría de casos, a base de dinero.
Tengo la gran suerte de haber dejado ya atrás esa época, mis hijos ya se cuidan solos.
Sin novedad tampoco en detalles absurdos: El curso escolar ha empezado hoy, 7 de septiembre. Son 4 días lectivos más al inicio, a cambio de 5 días en el segundo trimestre. Bien, no tengo objeción, pero... ¿por qué se empieza el martes y no el lunes? Me entero de que el segundo trimestre empezará el 7 de enero de 2011, un viernes, después del día de reyes, 6 de enero, que es fiesta. ¿No sería más lógico empezar el 6 de septiembre el primer trimestre, y el 10 de enero el segundo? ¿Hay alguna razón profunda que se me escapa, o simplemente es que las "mentes pensantes" no son tales?
Uff...! Me da mucha pereza empezar este curso...




