lunes, 28 de febrero de 2011

Intuición

La intuición es también llamada en según qué ambitos corazonada, olfato, ojo clínico o sexto sentido.
Todo el mundo tiene intuición, no es algo exclusivo ni prevalente en las mujeres, como a veces se pretende, con más o menos romanticismo e infortunio:
La intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre (Rudyard Kipling).
El intelecto es el modo de funcionar de la cabeza, el instinto es el modo de funcionar del cuerpo y la intuición es el modo de funcionar del corazón. La mujer es el corazón y el hombre es la cabeza (Osho).

Según el Diccionario de la Real Academia, la intuición es la facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento. También la percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad que aparece como evidente a quien la tiene.

Podríamos decir que la intuición es conocer sin saber cómo lo conocemos. Usamos la intuición cuando existen varias soluciones alternativas entre las cuales elegir y todas tienen buenos argumentos. A la hora de tomar una decisión, rara vez tenemos todos los elementos que necesitamos y encima, en muchos casos, la información disponible no es fiable.
La intuición no es un presentimiento ni una visión, no es algo mágico ni esotérico, y hay que diferenciarla de un deseo o un miedo.

Según Burke y Miller, la intuición sería la resolución de problemas realizado de modo inconsciente y basado en el conocimiento acumulado por la experiencia cotidiana, la actividad profesional específica y la formación académica. Es decir, que la intuición no es una facultad distinta de la actividad racional y creativa ordinaria. Su diferencia con el raciocinio habitual radicaría en que el proceso se lleva a cabo mediante una intervención automática del subconsciente, en el que éste selecciona la información relevante guardada en la memoria en cada situación particular.
Para Malcolm Gladwell, quienes son buenos tomando decisiones no son los que procesan mayor cantidad de información o que dedican más tiempo a deliberar, sino aquéllos que son capaces de extraer los factores que realmente importan a partir de una cantidad desmesurada de variables.

En el proceso de la intuición hay tres fases. En primer lugar, el cerebro recopila datos de la experiencia; seguidamente los procesa de forma inconsciente y automática, y en tercer lugar aparece repentinamente el resultado o la conclusión de este procesamiento en nuestra consciencia. Hay que observar mucho y sin prejuicios. Hay que darle tiempo al inconsciente, y luego reconocer las señales.

Cuando tenemos una intuición, la sentimos en el corazón, o en el estómago, (en las vísceras, vaya). Algo inexplicable que se manifiesta como un sentimiento a favor o en contra, algo que no podemos definir, nos hace inclinarnos a tomar una decisión determinada.

Dicho todo esto, pienso que la intuición está sobrevalorada. Será porque yo no doy una. Quizá porque mi intuición me habla bajito, o porque estoy sorda, o porque tergiverso las señales, o porque no me las creo, o porque mi software necesita actualización, o porque no me funciona, o qué sé yo, pero me equivoco demasiadas veces.
No es algo que me pase a mí sola, claro. De hecho, creo que es lo más frecuente.
Quien dice ser muy intuitivo es porque sin deliberar demasiado toma decisiones que a posteriori demuestran ser acertadas. O bien porque ha seguido ese instinto aún cuando todos los razonamientos lógicos estaban en contra, y le ha salido bien. Pero en general, ser impulsivo y guiarse sólo por la intuición no suele tener buenas consecuencias. Es frecuente cometer errores imperdonables. Si nuestro cerebro conecta datos que se dan juntos por simple azar, las predicciones basadas en estas conexiones pueden ser nefastas.

Como consejo final, diría que si tienes mucha experiencia en el campo en el que tienes que tomar una decisión, sigue tu instinto. Si no, dale algunas vueltas antes de precipitarte. En cualquier caso, creo que nunca está de más recopilar información.

(Nota: La viñeta es de Montt, y me parece deliciosa)

domingo, 13 de febrero de 2011

Café

De la misma manera que hice apología de la cerveza y del chocolate, me apetece hacerlo con otra de mis debilidades, el café.
Un tercio de la población mundial consume café, mientras que la mitad de la humanidad es consumidora de té. Pero a mí el té no me dice nada.

Un poquito de historia:
El arbusto del café es oriundo de la antigua Abisinia (Etiopía). De aquí se extendió por tribus nómadas a la Península Arábiga, concretamente al Yemen, donde hay las primeras evidencias de su consumo. Llegó a Italia y Europa de la mano de mercaderes venecianos, pero fueron los holandeses los que consiguieron las primeras plantas de café, e iniciaron su cultivo en la isla de Java.

El café contiene sales minerales (potasio, sodio, calcio, magnesio), ácidos orgánicos (cafeilquínicos y clorogénicos), trigonelina, que se transforma en amida nicotínica en la torrefacción, y cafeína, de 0,10 a 0,25 g por taza. El café tiene un 12% de cafeína, menos que el té.

El sabor y el aroma (todos estamos de acuerdo en que el aroma es incluso mucho mejor que su sabor) del café no está en la cafeína. El sabor se lo dan los azúcares y aceites naturales de cada grano. Al contrario de lo que pueda parecer, el expreso tiene menos cafeína que el de filtro, porque el agua pasa por los molinillos más lentamente que en éste.

La cafeína es estimulante del sistema nervioso central, a nivel psíquico y neuromuscular. Las sales potásicas le confieren acción diurética, reforzado por los ácidos clorogénicos, responsables de su actividad colerética (sobre los ácidos biliares) y expectorante. Aumenta la motilidad gástrica y el peristaltismo intestinal (hay quien tiene que ir imediatamente al baño tras tomar café). En aplicación tópica es lipolítico.

La duración del efecto de la cafeína es de 2 a 3 horas dependiendo de la edad, el metabolismo y la sensibilidad del individuo. Tanto hombres como mujeres mejoran su actividad con el café, pero en el caso de los hombres el impacto es mayor. Como veréis un poco más adelante, sólo en condiciones basales.
El tiempo necesario para alcanzar la máxima concentración en sangre es de tres cuartos de hora, pero a los pocos minutos, la mitad de esa concentración ya se encuentra en sangre. Así, el efecto de la cafeína es inmediato.
A dosis habituales (150-250 mg) la cafeína estimula las funciones psíquicas, se hace más fácil el esfuerzo intelectual, la asociación de ideas y la atención. También disminuye el flujo sanguíneo cerebral, aliviando la cefalea (dolor de cabeza).

Según un estudio llevado a cabo por la Universidad de Bristol, y publicado en el Journal of Applied Social Psychology, el efecto de la cafeína ayuda a las mujeres a enfrentarse a situaciones de estrés, y en cambio a los hombres los hace más inseguros. Descubrieron que la habilidad de los hombres para actuar bajo presión empeoraba notablemente si habían bebido café. Los autores del estudio sugieren que los diferentes efectos radican en que, ante el estrés, los hombres tienden a exhibir comportamientos agresivos, de huída o lucha, mientras que las mujeres tienden a cooperar. La cafeína aumentaría los niveles de dopamina, perjudicándoles a ellos y beneficiándoles a ellas.

Además de los efectos que he comentado, algunos conocidos como la estimulación del sistema nervioso, y otros menos como ser diurético o la dilatación de los bronquios y de los vasos, de ahí su efecto beneficioso sobre el asma y el dolor de cabeza, otros efectos del café son:
- Más de 4 tazas de café al día disminuyen el riesgo de desarrollar cáncer de colon y recto debido a que inhibe la secreción de ácidos biliares, que se cree tienen un importante papel en su aparición.
- Disminución del riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 (la del adulto), porque la cafeína estimula las células pancreáticas productoras de insulina.
- Disminución del riesgo de sufrir Parkinson y Alzheimer. Incluso en los que lo padecen, mejora la memoria.
- La cafeína es antioxidante, con lo que retrasa el envejecimiento. Encima no tiene calorías, así que no engorda.

Hay un montón de maneras de preparar y combinar el café, algunas las tenéis representadas en el póster de aquí al lado, pero hay que saber que el café se debería preparar con agua mineral a 85-96ºC. Jamás se debe hervir el café, y si hay que calentarlo, mejor al baño María. Si se muele, se debe utilizar de inmediato, y moler unos 20 g por taza. Es un crimen servir el café en vaso de plástico o de metal, que alteran el sabor. Mejor utilizar loza, porcelana, vidrio o barro.

Por último, como ya sabréis, el compañero ideal del café es el chocolate amargo. ¡Un lujo!

(No, la siguiente apología no va a ser del sexo. Ya sabéis todos sus beneficios, y no tengo nada que enseñaros).

domingo, 6 de febrero de 2011

Balboa

Ayer, por fin, me inicié en el/la Balboa, baile primo hermano del Lindy Hop, de ritmo más rápido.

Los orígenes del Balboa son controvertidos, hay quien dice que deriva del Charleston, otros del Shag, del Foxtrot, otros piensan que de la Rumba... Seguramente todos estos bailes contribuyeron a su creación, y tiene un poco de todos.
Nació por la necesidad de ocupar menos espacio en las salas abarrotadas de bailadores, y por la prohibición que se impuso en las salas de los grandes kicks ("patadas") que se daban en el Charleston y otros bailes más exhuberantes.

Hay dos tipos de Balboa: el Puro y el Balswing.

En el Balboa Puro hay un contacto muy cercano entre la pareja de bailadores, y siempre se mantienen en posición cerrada. La parte superior del tronco apenas se mueve, el ritmo se lleva con la mitad inferior, especialmente los pies.

Al cabo de un tiempo, los bailadores se cansaron de esta posición, o bien los hijos de los que bailaban esta variedad, incorporaron variaciones que forzaban a romper la conexión cuerpo contra cuerpo, abriendo la posición, originando así el Balswing, que permite vueltas, giros, caídas y acrobacias, combinándose con el trabajo de pies del Pure Balboa. El Balswing es el estilo de Balboa que se baila actualmente.

Disfrutad del baile:

lunes, 31 de enero de 2011

3 pelis 3

Imposible ver todo el cine que una quisiera. Hay que elegir, lo que conlleva el riesgo de acertar, o no. No me puedo quejar del balance: de las tres últimas películas que he visto, me han gustado dos, y si cuento las cuatro últimas, tres. Tres de estas cuatro están nominadas a los premios más importantes de las academias americana y española de cine, lo que no quiere decir nada, porque no necesariamente coinciden con las que me han gustado:

La Red Social (The Social Network, David Fincher. USA 2010). Suma 8 candidaturas a los Oscar.
Como sabéis, la película narra descarnadamente el nacimiento de Facebook, la red social más importante en la actualidad (aunque me da, sin tener ni idea, que está siendo superada por Twitter, pero ésa es otra historia). El propósito superficial, simple, egocéntrico y vengativo que lleva a Mark Zurckerberg, magistralmente interpretado por Jesse Eisenberg, a la creación de la red, pasa sin escrúpulos por encima de los cadáveres que sean necesarios, sin importar herir sentimientos, hundir amigos o parecer miserable.
A pesar de no utilizar el facebook y de no interesarme lo más mínimo, la película me gustó, si dejamos al margen los primeros minutos de la película, que no se pueden seguir ni doblados, mucho menos en versión original, por la velocidad del diálogo y el lenguaje desconocido (al menos para mí) que casi te impulsan a salir del cine.
La película no deja títere con cabeza, y eso es lo que me mosquea. Con el poder y sobretodo el dinero que tiene Zurckerberg, ¿cómo ha permitido que la película salga a la luz? ¿Es realmente tan friki, inadaptado y analfabeto sentimental? La cinta no le hace ningún favor, como tampoco se lo hace a otros personajes que salen: Sean Parker, cofundador de Napster (red de intercambio de archivos de música) y luego socio de Zurckerberg, o los gemelos Winklevoss, paradigma de los pijos de Harvard, a quienes supuestamente robó la idea. El único que se salva, relativamente, es Eduardo Saverin, el amigo capitalista traicionado, por lo que ingenuamente me pregunto si la película no será una concesión a éste.

Por orden cronológico, la siguiente película que he visto es Tengo algo que deciros (Mine vaganti, Ferzan Ozpetek. Italia 2010).
Una película pequeña, que no opta a ningún premio, pero que me pareció deliciosa. Comedia dramática fresca, divertida, bien hecha y entretenida. ¿Qué más se puede pedir? Sobran algunas cosas, como los excesivos planos circulares o los flashback que no aportan nada, pero se le puede perdonar.
La trama sucede en una familia burguesa italiana convencional donde las haya, a pesar de las extravagancias de la tía o las transgresiones de la abuela, donde nadie está contento con su vida. En una importante cena en la que el patriarca reúne a todos los miembros para traspasar el mando de la empresa familiar, uno de los hijos decide comunicar que es gay, pero su hermano se le adelanta...
Además de humor, drama y tópicos, hay varios elementos frescos en esta película que airean el film. Uno es que los gays no son locas, al menos no la mayoría, como en la vida misma. Otro es la forma inteligente como se resuelve al final el conflicto, a mi parecer: No hay que arrasar con la verdad por encima de todo, innecesariamente.

La de la discordia, la que no me ha gustado, También la lluvia (Icíar Bollaín, España 2010). Trece nominaciones a los Goya, entre ellas a la mejor película, que para mí no merece. Sí que le daría el de mejor actor secundario a Karra Elejalde y el de mejor actor revelación a Juan Carlos Aduviri, que lo hacen francamente bien. Luis Tosar también está a su altura habitual.
La trama de la película es compleja: Nos situamos en el año 2000. Sebastián (Gael García Bernal) y Costa (Luis Tosar), director y productor respectivamente, se embarcan en la realización de una película sobre la colonización de América que pretende poner énfasis en los abusos cometidos sobre los indígenas, y junto con todo el equipo, se trasladan a Cochabamba para el rodaje. Allí se encuentran con la Guerra del Agua que sacudía Bolivia aquellos días, en contra de la privatización y la multinacional que intentaba multiplicar el precio del suministro. Los actores indígenas que contratan por dos duros y que se enfrentarán a Cristóbal Colón en la película, serán a la vez protagonistas en la revuelta del agua.
El ambicioso argumento pretende trazar un paralelismo entre los dos momentos históricos separados por 500 años, lo que no me parece mal, pero hacia la mitad de la película, sin mediar razón alguna, Bollaín intercambia personalidades de los personajes, introduce elementos sentimentaloides y pierde el rumbo trazado, con lo que el film se hace increíble, demagógico y manipulador.
Aunque después de leer varias críticas prefería ver cualquier otra peli, juro que no fui con prejuicios, y de hecho la primera parte me iba gustando, pero a partir de cierto momento, mi interés cayó en picado y empecé a revolverme nerviosa en el asiento, deseando que se acabase.

La cuarta peli que mejora mi porcentaje de éxitos es El discurso del rey, que ya comenté aquí. Acumula 12 nominaciones a los Oscar, además de mejor película, el de mejor actor principal y secundario. En mi opinión, el más merecido es este último.

miércoles, 19 de enero de 2011

Pastel de rizo americano

La foto que veis aquí, que parece del escaparate de una pastelería, no lo es. Son tartas y pasteles, sí, pero no comestibles: están hechos con toallas.
Se trata de Coses de casa, una tienda, como su nombre indica, de cosas del hogar, fundamentalmente ropa, que se encuentra en la plaza Sant Josep Oriol de Barcelona.
La tienda hace esquina y cuenta con dos aparadores. Uno de ellos lo denominan y así está rotulado, La Pastelería, y siempre está decorado como si lo fuera.
Es una de mis tiendas preferidas, entre otras tantas emblemáticas que hay por el casco antiguo de la ciudad, y que no me resisto a admirar cuando paseo por la zona.

Otra que no me pierdo nunca es la Ganiveteria Roca, en la contigua plaza del Pi, una antigua cuchillería que este año celebra nada menos que su centenario.
Su escaparate también despierta mi fascinación, por la variedad de tijeras, cuchillos, navajas, sables, alicates y demás objetos cortantes de todo tipo que se exponen, y que uno ni se imagina que existen. Y es que si no está aquí, es que no existe. Los objetos están expuestos como si de joyas se tratasen, y muchos realmente lo son. A mí me maravilla, como me maravillan las ferreterías, de las cuales también hay muchas con encanto en Barcelona. Todavía, afortunadamente.

Aparte de los monumentos y edificios singulares, lo que caracteriza a una ciudad y le imprime personalidad, son sus tiendas.
Tener un Paseo de Gracia con tiendas de Ives Saint Laurent, Christian Dior o Salvatore Ferragamo, puede dar mucho glamour, pero nada que no se pueda encontrar en la calle Serrano de Madrid, la Quinta Avenida de Nueva York o Bond Street en Londres. Ya ni hablo de los Zara, Women's Secret, Benetton, H&M, Massimo Dutti, Mango, CorteIngleses y demás, que nos han sumido en una uniformidad global que hace que toooooodas las zonas comerciales de toooooodas las ciudades parezcan calcadas.

Así que espero que esas preciosas y singulares tiendas de Ciutat Vella no se vean afectadas por la crisis ni las multinacionales y se mantengan ahí durante mucho tiempo.

Y ahora os dejo una de esas joyitas de animación que de vez en cuando me encuentro por ahí, que viene al pelo:

miércoles, 12 de enero de 2011

David y yo

En 1817 Stendhal, seudónimo del novelista francés Henri-Marie Beyle, visitó Florencia, admirando la belleza de estatuas, fachadas, cúpulas y frescos de las numerosas iglesias y galerías de arte que allí se encuentran. Al llegar a la Basílica de la Santa Cruz, sintió vértigo, palpitaciones y una sensación de ahogo que lo obligó a salir a tomar aire. Describió estas sensaciones en su libro de viajes Nápoles y Florencia: de Milán a Reggio:

Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de la Santa Croce, el corazón me latía con fuerza, eso que en Berlín llaman nervios; la vida se había agotado en mí, caminaba con miedo a derrumbarme.

En 1989, la psiquiatra italiana Graziella Magherini publicó un libro con los 106 casos registrados durante más de una década en el hospital Santa Maria Nuova de Florencia donde trabajaba, de turistas y viajeros en los que había observado los mismos síntomas que presentó el escritor, y lo denominó Síndrome de Stendhal.
El cuadro clínico varía en cada caso, pero generalmente se presenta con angustia, confusión, excitación, temblor, palpitaciones, sudoración, zumbido de oídos, e incluso alucinaciones, todo de aparición súbita.
Es un estado de ánimo transitorio, un arrebato que se da ante la contemplación de la belleza. Normalmente ocurre al observar obras de arte de notable belleza, en un espacio corto de tiempo y concentradas en un mismo lugar. Esto explicaría que Florencia, una ciudad que acumula tantas obras de arte renacentista, sea el lugar donde más casos se han observado.
Dicen que son especialmente susceptibles las personas con gran sensibilidad receptiva y ansia por contemplar la belleza artística, de ahí que se le conoce también como el mal del viajero romántico. Las personas afectadas por este síndrome, según Magherini, suelen ser turistas relativamente jóvenes, la mayoría mujeres que viajan solas y que proceden de ciudades tranquilas, con una vida ordenada, monótona y sin grandes estímulos artísticos.

Para Óscar Valtueña, médico e historiador del arte, tal síndrome no existe, ya que los síntomas que lo definen son vagos e inespecíficos, y no determinan una enfermedad.
A mí me da igual. Es posible que el apelativo de "síndrome" no sea afortunado, pero hay tantos así...
Llámesele como se quiera, que hay que nombrar las cosas para entendernos, pero existir, EXISTE. Doy fe, que lo sufrí en mis carnes, hace muuuuchos años, pero conservo vívido el recuerdo. Aunque entonces no supe qué me había pasado. Aunque no viajaba sola, era muy joven, mi vida era cualquier cosa menos monótona y no procedía de una ciudad tranquila y sin arte.

Fue en un viaje de fin de curso como profesora. Fuimos a Italia una semana, visitando Florencia, Venecia, Pisa, Siena y Verona. Tres días intensivos en Florencia visitando lo más destacado, lo que uno no se puede perder. Dejamos para el final el David de Miguel Ángel, por quien sentía devoción. Lo había visto muchas veces en dibujos, fotografías, reproducciones, y sabía cómo era. Pero tenerlo allí delante, tan majestuoso, tan grande (no me imaginaba el tamaño real), tan perfecto, tan suave, tan blanco (estaba recién limpito)... me puse a llorar como una Magdalena. Me dio un llanto irrefrenable, que me tuvo tres cuartos de hora sumida en lágrimas a la vez que no podía dejar de mirarlo, de dar vueltas a su alrededor, para cachondeo y estupor de todos los presentes.

Y eso que en realidad el David me parece que tiene algunas partes desproporcionadas, entre otras cosas, es cabezón.
Pero hasta en la gamuza de limpiarme las gafas lo tengo estampado.

sábado, 8 de enero de 2011

¡Que enfieste la pieza!

Primera entrada del año, con el que iniciamos también una nueva década.
Será que estoy contagiada con el virus de la crisis, pero me cuesta motivarme. Hace dos años, el sólo hecho de que los días son ya más largos al comienzo del año me alegraba, me hacía atisbar en el horizonte la primavera, a pesar de estar en pleno invierno.
Quienes me conocen saben que soy un alma inquieta. Aparento ser tranquila y serena, pero en mi interior necesito estímulo neuronal contínuo. Y estoy en encefalograma plano.
El motivo no lo sé, seguro que son muchos que se dan en conjunción o que se han ido acumulando, pero me preocupa.
No sólo no me motiva, ni siquiera me anima el vídeo que os dejo a continuación. La teoría me la sé.




Como digo, la teoría me la sé. Ya sé que todo esto es de manual de autoayuda, pero como veréis, necesito ideas.
De las 60 proposiciones que se hacen, he hecho dos listas, la primera, lo que no hace falta que me recuerden:

Ya me muestro.
Sigo mi instinto (y así me luce el pelo).
No me hago la víctima.
Hago lo que sé hacer.
Siento curiosidad por todo lo que me rodea.
No me aíslo, me reúno con los que quiero.
Bailo, me mimo y me enfrento a mis miedos.
Visito museos... de vez en cuando.
Tomo decisiones todos los días.
Hago el ejercicio que puedo y me gusta (bailo y camino).
No estoy enchufada a la tele y escucho música cuando puedo.
Me mantengo en contacto con la naturaleza... siempre que es posible.
¡Claro que puedo! A mí me lo vas a decir, nadie mejor que yo conoce mis posibilidades.
Creo que estoy equilibrada, duermo de p.m. y leo, aunque ahora pocos libros.
Cuido mis orquídeas.
Llego donde me propongo. No me planteo cosas irreales ni me comparo con nadie.
Procuro vivir cada momento y creo que me trato bien.
No sólo acepto que la vida tiene momentos buenos y malos, sino que saco jugo de todos ellos.
Creo en mí. Creo que soy amable... con quien quiero serlo.
Soy especial para mis hijos, y no se lo contradigo.
Soy honesta, conmigo y con los demás.
Dedico tiempo a divertirme.
La gente que me apoya y me enseña son mis amigos, y de vez en cuando les invito a un café... o una cerveza.
Sé perfectamente que el dinero no compra la felicidad, pero quita muchos males de cabeza que impiden ser feliz.
Ya doy la ropa que no necesito.
Sé quién soy y el valor que tengo, ni más ni menos que cualquiera, no me gusta la gente que se cree por encima del resto.
Aunque no lo quiera, formo parte de varios grupos, etiquetas, rebaños o tribus.
El amor en mi vida me lo proporcionan mis hijos, mi familia y mis amigos, y creo que los cuido.
Amo a la madre tierra más que algunos que se llaman ecologistas.
Soy perfeccionista, lo que hago intento que sea lo mejor posible.
No he perdido la esperanza, sé que a veces el mañana nos trae sorpresas.
Me encanta aprender.
Aprecio lo que tengo.
Cualquier ser humano es tan grande como puedo serlo yo, y creo en las personas... hasta que me demuestran lo contrario.
Estoy con mis amigos y mi familia.
Soy honesta conmigo misma, esto ya ha salido antes, pero si hay que serlo el doble, lo soy.

La segunda lista probablemente es la más interesante porque es lo que no hago o no me sé, representa un 20% del total:

Ama tu trabajo. Está difícil. Amo mi profesión, pero no puedo estar contenta en un lugar donde no comulgo con los objetivos y las prioridades. Y no hablo de la Sanidad en tiempos de crisis, que es otro cantar.
¿Qué es lo que hay que mirar desde una nueva perspectiva? ¿Cuál es la perspectiva correcta?
Para marcarse objetivos primero hay que tener ilusiones, deseos, sueños. Me los estoy pensando.
Acabar lo que uno ha empezado... De las cosas que más satisfacción da, lo sé por experiencia, pero cuesta tanto...
No sé por qué he dejado en esta lista la ayuda a los demás. Creo que hago lo que está en mi mano. Siempre se puede hacer más, pero se puede contar conmigo.
Sé que debería estar menos pendiente de las noticias, creo que me alegraría el humor y disminuiría mi pesimismo.
No pienso cada noche en las cosas buenas que me han sucedido, entre otras cosas porque no me da tiempo antes de dormirme.
Para dejar entrar las nuevas ideas hay que tenerlas. De momento, estoy seca.
Reconozco que a veces soy un poco obsesiva con los malos pensamientos... o con los pensamientos, en general.
Lo de centrarse en crear lo que uno desea... se trata de pasar a la acción cuando uno tiene un objetivo. Como he dicho, de momento no los tengo, por triste que sea.
No entiendo qué quiere decir encontrar un espacio común. ¿Común a quién? ¿O a qué?
No hago listas de agradecimientos. ¿Se debe hacer?

Naturalmente, esto ha sido un juego.
El lunes vuelve la normalidad a nuestras vidas, con permiso de las rebajas, así que...
¡Que enfieste la pieza!

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